Voto electrónico en el Ecuador: una historia de terror y ficción

Después de ser testigos de la debacle alrededor de la empresa E-Vote y las elecciones ecuatorianas (¿VoteGate?), declaro que es hora de comenzar a reflexionar qué sucedería si las elecciones fueran completamente electrónicas, y a base de software propietario:

Todo comienza un 15 de Octubre de 2006. Los ecuatorianos acuden a las mesas de votación. Puesto que la votación es obligatoria, el padrón electoral sigue siendo impreso para verificar la identidad de los ciudadanos. Pero el comprobante de votación lo imprime la máquina de votar. Este y otros avances tecnológicos hacen que sean necesarios menos representantes en cada mesa electoral. Por consiguiente, la población general está muy contenta (excepción hecha de los pocos giles que salieron “favorecidos” en mesas).

Todo en orden. A diferencia de las elecciones anteriores, en estas elecciones no se puede votar nulo, porque las máquinas no permiten hacer dibujitos raros u obscenos en las papeletas. Es decir, no hay papeletas. Uno presiona un botón en la pantalla touch-screen y el voto queda registrado debidamente. Como es la primera elección enteramente electrónica, muchas personas tienen terror del aparato, y se demoran en votar; pero esto no es problema, ya que la ganancia de tiempo encuentra fuerza en la mayoría de la gente, familiarizada con los celulares y el Internet.

Todo rápido. Aparte de agilitar (en promedio) el proceso de votación, las maquinitas alimentan continua e incrementalmente, por vía de redes de datos GPRS, los votos a los servidores del Tribunal Supremo Electoral. Hábiles desarrolladores han creado una aplicación Web (también propietaria) que permite a la ciudadanía ver, en tiempo real, los conteos. El exit-poll es redundante e innecesario, porque sabemos los resultados conforme van siendo ejecutados.

Todo sin problemas. O con pocos problemas, al menos. Algunas máquinas de votar han dado problemas. Los jefes de mesa y vocales han recibido instrucciones de desconectar y reconectar los equipos a la alimentación eléctrica, puesto que “por el calor, algunas se congelan y es necesario reiniciarlas”. Por supuesto, no saben que en realidad las máquinas de votar pueden operar en un clima con temperaturas de hasta 55°C, y que están siendo testigos de defectos de software. ¿Software? Explicarles a los “favorecidos” en mesa hubiera sido más fácil que explicarles magia o alquimia.

Todo bien, hasta la media tarde. A las 3 de la tarde, la población comienza a sospechar que algo anda mal. Por supuesto, los canales de televisión no hacen mención del asunto, pero estaba claro que el candidato más opcionado, Rafael Correa, por alguna extraña razón está quedando rezagado con respecto de Álvaro Noboa. La diferencia acusa 16 puntos porcentuales, con Alvaro Noboa en 45%, suficiente para ganar en la primera vuelta electoral. Los mensajes de texto zumban con acusaciones de fraude.

Todo estalla unos días más tarde, cuando, a la semana, El Universo publica recortes de una carta fugada via samizdat de los cuarteles del PRIAN. La carta implica a varios miembros del partido político en un fraude que toma directo lugar dentro de las máquinas de votar. Por supuesto, la carta tiene algunos detalles técnicos, pero estos son chino para el 99.9% de la gente. Esto no detiene a los otros partidos políticos, que demandan una investigación a fondo.

Todo resulta infructuoso. No hay forma de hacer recuentos, porque las viejas urnas fueron quemadas 3 años atrás cuando se compraron las máquinas de votar. ¿Por qué? Porque las máquinas de votar no dejan ningún voto impreso. Lo que es peor, no hay forma de auditar las máquinas, porque:

  1. El software es propietario. El fabricante (E-Vote) se niega rotundamente a mostrar el código fuente. Sin el código fuente, no hay forma de saber qué cuernos está haciendo la máquina adentro. El código podría alterar su base de datos de votos. O, peor aún, podría cambiar un porcentaje de votos a favor de un candidato, justo antes de enviarlos al TSE. Incluso peor, no hay forma de constatar que los votos registrados son los votos expresados por los votantes.
  2. No hay forma de constatar si el software instalado en los equipos corresponde al software que E-Vote debió instalar en ellas. Tampoco hay forma de probar lo contrario. E-Vote podría ser el autor del fraude, o podría ser una víctima más.

Todo empeora cuando, dos semanas después, hackers brasileños irrumpen en los servidores de E-Vote y descargan ilegalmente el código fuente del software para las máquinas de votar. Descubren que es una aplicación hecha con Microsoft Visual Basic, Microsoft Access, y Microsoft Windows. No se sabe si Microsoft se ha hecho de la vista gorda con las licencias de software requeridas para operar las máquinas legalmente, pero algo es seguro: E-Vote no ha pagado las licencias. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que la aplicación contiene varios errores de lógica, y algo mucho más preocupante: un mecanismo que permite ejercer control remoto sobre los datos almacenados, con una clave secreta que, a estas alturas, es vox populi.

Todo termina mal. Cuatro semanas después del 15 de Octubre, la gran mayoría de la gente no entiende exactamente qué está pasando con lo de las “máquinas de votar”, pero sabe que le han visto la cara, y se muere por saber quién fue. Puesto que se sobrentiende que el autor intelectual del fraude es Alvaro Noboa, su Gobierno se derrumba en cuestión de horas. ¿O de repente el fraudie fue orquestado por otro candidato a presidente, para provocar este escenario? ¿Habrá sido el actual vicepresidente? Estas interrogantes pasan a segundo plano en las mentes de los familiares de las 950 personas muertas durante el derrocamiento de Noboa en Quito.


Este escenario es un poco fantasioso, y completamente creativo. Pero no está alejado de la verdad. A estas alturas del partido, debe estar completamente claro que cualquier solución electrónica de votos y democracia debe:

  • ser auditable de manera manual (porque como dice el refrán, “la luz se puede ir en el peor momento”), lo cual requiere imprimir cada voto y guardarlo en un ánfora; y
  • estar equipado con software libre exclusivamente; esto no evitará que hackers maliciosos instalen otro software dentro del equipo, pero lo hará mucho más difícil, mientras que facilitará enormemente que la población general pueda auditar el funcionamiento esperado de los equipos. El software propietario es, por naturaleza, casi invulnerable a análisis que permiten determinar si está “arreglado” para cambiar votos. Aun cuando nadie escoja investigar, es importante ser 100% transparente en un asunto tan crucial como nuestro proceso democrático.

Incidentalmente, en Wired tienen una sugerencia para la máquina de votar del futuro (encontrado en Slashdot), que reconoce que ninguna tecnología podrá reemplazar al proceso supervisado y a una ley correcta, pero que también reconoce que es posible superar los escollos actuales en la tecnología, y propone varios puntos de acción para lograrlo.

One Response to “Voto electrónico en el Ecuador: una historia de terror y ficción”

  1. albatroz Says:

    Aun cuando yo me considero tecnófilo (amante de la tecnologia) debo decir que lo mejor es trabajar en la educación de los electores. Los mayores problemas se dan porque los miembros de mesa no saben SUMAR bien los votos en las actas.

    ¿Porqué no averiguan como son las elecciones en Japón, supuestamente el pais tecnológicamente más avanzado del mundo? Se llevarán una agradable sorpresa :)

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